El arte necesario
Desde épocas inmemoriales el mundo está lleno de arte, pero es precisamente en estos tiempos donde hay mayor producción que nunca por las tecnologías digitales actuales y su enorme influencia cultural, cuando más nos debemos preguntar por la verdadera razón de la obra artística.
¿Por qué existe el arte?
Empecemos por analizar su significación. Y seguramente todos coincidiremos en la necesidad de expresión humana que lleva a generarlo; una emoción, la sensibilidad por la belleza, lo que moviliza a las personas a crear un trabajo artístico.
De aquellos primeros vestigios rupestres en las cavernas de la prehistoria retratando modestamente sus modos de vida en la lucha por la supervivencia, a las prototípicas representaciones de la corporalidad femenina en reverencia al deseo y al erotismo, o las celebradas creaciones artísticas de las primeras grandes civilizaciones; Mesopotamia, y el Egipto que iconizó a sus faraones en deslumbrantes realizaciones escultóricas y arquitectónicas con sus famosísimas pirámides como manifestaciones que comenzaban a elevarse con magnificencia a altura de las deidades. Prueba de esto también es el épico “Poema de Gilgamesh” de los sumerios, a quienes se les atribuye la invención de la escritura, además de los primeros antecedentes musicales que existen; con los himnos o salmos a los dioses y la creación de sus instrumentos, como ejemplos expresivos de la Antigüedad.
Manifestaciones que cobran un notable grado de sofisticación con la Grecia antigua; sus templos, la riqueza estética y proporcional plasmada en sus eternas esculturas como la “Venus de Milo”, y por supuestísimo: la generación de la filosofía misma con las pioneras figuras de Platón y Aristóteles reverenciadas hasta del día de hoy. Y es gracias a estos dos grandes maestros que puedo hablar primeramente del reconocimiento del artista como oficio y personalidad, y también de aquellos precedentes de arte indiscutiblemente vital; con la relevancia que significó para la humanidad obras literarias fundacionales para la política de influencia hasta nuestros días actuales como “La República” de Platón. Y aquí radica la diferencia que hace que este aporte tenga una trascendencia mayor. Pinturas rupestres hay en muchas partes del planeta, esculturas antiguas también, al igual que templos que hasta presentan similitudes dignas de profundo estudio; como las pirámides de las civilizaciones incas o aztecas, otros antiguos poemas épicos que hasta dieron origen a religiones como el “Bhagavad Gita” del “Mahabharata” hindú.
Y así encontramos claramente otras finalidades superiores a la mera expresividad del quehacer artístico, con su influencia para la organización de pueblos y civilizaciones enteras, y lo que va a ser para muchísima gente también, la elevación del espíritu humano.
Aunque ya me encargué de poner en duda a los mitos de la antigüedad en un ensayo previo, argumentando que definitivamente no tenemos forma de probar su veracidad, por lo que estos cobran dimensión mayoritariamente en las órbitas donde predomina la fe.
Y ya a partir de aquellas recordadas realizaciones artísticas de épocas ancestrales existe la relación directa de la realización como mercancía, y de la labor como profesión, con creadores al servicio de sus gobernantes, reyes o faraones, élites religiosas, y mecenas. Y esta es la razón menos romántica, pero al fin y al cabo de peso, de por qué desde aquellas edades remotas hay tanta creación en el mundo; por ser un oficio legítimo para las personas, y más allá de esto, también de estatus; reconocimiento que tiene hasta nuestra actualidad.
¿Qué hace necesario a un trabajo artístico?
Establecida la tesis filosófica de mi ensayo, hagamos ahora un salto en el tiempo y analicemos las piezas artísticas más reconocidas de la historia. Seguramente la mayoría de la gente pensará en “La Gioconda” de Leonardo Da Vinci, el cuadro más famoso que se conoce, joya invaluable del Museo del Louvre en París, admirada año tras año por millones de visitantes. Sin dejar de destacar ni por un instante el genio creador polímata símbolo del Renacimiento, sería acaso este otro mundo sin la existencia de esta singular contribución? Definitivamente no, y en su lugar se celebrarían otras pinturas o dibujos reconocidos del artista, u otro pintor, como ejemplos emblemáticos de manifestaciones creativas. Y por más que la defiendan pintores, historiadores y amantes del arte en general, ni con todas esas razones de peso la convierten en una composición fundamental más allá de lo pictórico, por más controversial que esto suene.
Y por el contrario, todos vamos a reconocer unánimemente, la significancia del “Guernica” de Picasso, otra de las obras más reconocidas por la gente, pero en este caso un claro alegato de horror como manifestación cabal de un siglo XX dramáticamente marcado por las guerras con su devastador poderío armamentístico hiper ultra mediatizado con el auge de la prensa; la radio y los diarios que se vendían como pan caliente. Es destacable hablar en este último caso también de la influencia artística y tecnológica de la fotografía en los incipientes medios masivos de comunicación (de hecho, la fotógrafa Dora Maar, pareja del pintor, documentó con su cámara el proceso completo de generación del mural, lo que fue un fenómeno inédito y difundido en revistas de arte y publicaciones ilustradas de la época, y la exhibición de la pintura en el Pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de París de 1937 fue un suceso mediático con presencia de prensa internacional, repetido en los años siguientes mostrándola Picasso en Londres y New York). Hasta la belleza, innegablemente proporcional en la Mona Lisa, podríamos discutir en este otro lienzo pictóricamente también revolucionario, pero que expresa hasta la deformidad disruptiva propia del cubismo, y la impronta expresionista del arte moderno, pero no cabe duda de su irrefutable aporte de denuncia, con este trabajo pintado en medio de la Guerra Civil española a raíz del bombardeo a la ciudad vasca llamada así.

Es inevitable hablar en este sentido, del evidente compromiso político de los ejemplos artísticos mencionados de verdadero propósito. En otras palabras, estas contribuciones son muy importantes, y pueden ser un poderoso vehículo de movilización social.
Por supuesto que solo esto no hace a la esencialidad de la creación, y son estas obras disruptivas las que generan corrientes artísticas de la mano de otros artistas que los imitan, y ahí está un factor clave que hace a una pieza única: la originalidad. Cada una de las producciones mencionadas dio lugar a lo largo del tiempo a incontables trabajos derivados, con la aparición de nuevos exponentes. Y ahí está la singularidad del arte más genuino, tan pero tan amenazado en tiempos de “copy & paste”, con la posibilidad de que cualquiera pueda ser artista, y algo muchísimo peor aún para la expresión de la auténtica genialidad humana: la inteligencia artificial que permite a cualquier persona prácticamente con un simple click de “remix”, crear una una nueva (re) producción realizada por otra persona con esta tecnología de vanguardia (re) generadora.
Y para que se entienda más cabalmente aún la importancia que tienen algunas producciones artísticas, he de mencionar otro concepto tan obvio como fundamental: la técnica, que en algunas expresiones como la música, es común hablar de verdadero virtuosismo en sus mayores exponentes.
La práctica hace al maestro, y solo ciertas personas están naturalmente dotadas para brindarle a la sociedad su maravillosa y genial impronta. Sí, se puede aprender, prácticamente todos los artistas aprendimos primero la expresión que luego recreamos, pero absolutamente no se puede copiar a la originalidad, por más que tantos (por no decir casi todos) se empecinen en intentarlo. Ahí está la verdadera creación, a diferencia de tanta, pero tanta reproducción que satura la web, y los mercados del arte. Y es lo que indiscutiblemente hace que un trabajo artístico sea objetivo, puede gustarte o no una pieza artística, pero lo que está bien hecho se nota, marca la diferencia.
Degradación y decadencia contemporánea
Y mucho, pero mucho antes de esta actualidad de internet e inteligencia artificial en la que cualquier ignoto aparece como “artista” de la noche a la mañana en una red social, el arte se había ido al re contra re mil carajo con la aparición de snobs y oportunistas que se colaron en museos con la excusa de las provocaciones de algunos, y la mucha más ordinaria y fatídica insistencia de simplemente figurar, en intentos hasta desesperados de contar con la convalidación, el prestigio o fama que tienen los más destacados artífices en la sociedad, y obviamente, el afán de lucro de creer que copiándole a tal o cual figura su estilo, van a lograr hacer dinero, las razones de la degradación artística del siglo pasado a este, fundamentalmente.
Recuerdo un ensayo del gran Mario Vargas Llosa en El País, la columna en su máxima dimensión cultural que tuvo por años allí, llamado “Caca de elefante”, que en su profundo conocimiento artístico denostaba estos ventajeros sin talento alguno que buscaban recurrir al escándalo para ganar notoriedad en los museos, que primero con el cine, luego con la televisión, recitales y shows multitudinarios, dejaron de atraer tanto público como antes, recurriendo hasta las peores bajezas inimaginables con pseudo artistas, además de galeristas (algo para lo cual ni hace falta formación profesional, sí para la curaduría) a fin de ganar visitantes, vender entradas, y a veces también hasta sí, la obra vendida. Por algo el escritor peruano, terminó compilando estos ensayos retomando la adelantada tesis de Guy Debord con su libro “La sociedad del espectáculo”, donde todo se convierte en mercancía y apariencia, nombre que él mismo usó en recordado reconocimiento al filósofo francés, dándole una mayor magnitud aún, de civilización, en una de sus últimas publicaciones.
Hasta Banksy, el artista más venerado por la cultura joven de esta centuria, recurrió al escándalo para vender su creación más cara en Sotheby ‘s. Sí, el mismísimo cultor del “street art”, ridiculizando a la sociedad británica, y haciendo una transgresora crítica social con sus pinturas, que inspiró a toda una generación de muralistas que han estado años enteros desquiciados por encontrar una simple pared donde pintar algo, para a diferencia por lo general del prodigio sin nombre real ni rostro de la historia del arte, poner su firma ahí al lado de hasta el más patético dibujito (cosa que yo hice a los 10 años y fue muy divertido, mucho antes de esta moda, por supuesto), para sumar seguidores en Instagram al menos, y buscar sacarle al dinero a la gestión cultural oportunista de gobierno, los que años atrás nos arrestaban con su policía por pintar grafitis (porque sí, lo hice de nuevo a los 21, también años antes de la tendencia, esta vez con los versos de mis poemas). Banksy en la casa de subastas de arte más prestigiosa del orbe, reduciendo su obra “Girl with Balloon” («Niña con globo») en fino marco dorado, destruida a modo de performance para dar lugar a la controversia de más de 21 millones de euros triturada en tiritas de papel llamada “Love is in the bin” (“El amor está en la papelera”).
Porque sí, la polémica vende, y puede llegar a salir hasta así de cara.
El potencial transformador del arte que necesitamos
Pero si en lugar de hablar de “esas que conocemos todos”, hablara de Bounpaul Phothyzan y su invención “Lie of the land” (La mentira de la tierra), prácticamente nadie sabría de qué o quién estoy hablando. Esta obra apareció en mi vida, como la sincronía perfecta mientras estaba pensando mi ensayo, gracias a la última maravilla de Google, que recomiendo con énfasis, su maravilloso sitio y app de “Arts & Culture”, que en Mayo pasado me presentó este singular trabajo en su resumen semanal que envía todos los Lunes. Phothyzan es un artista de la nación asiática de Laos, quien construyó su pieza con casquetes metálicos de grandes bombas, interviniéndolos como maceteros con tierra para el cultivo de helechos para la exposición anual dirigida al público infantil “Imaginarium: To the Ends of the Earth” del 2017 llevada adelante en el Singapore Art Museum. Laos es tristemente célebre por el simple hecho de ser país vecino de la Vietnam tan atacada por los Estados Unidos en el conflicto bélico más recordado del siglo pasado post Segunda Guerra Mundial, sostenido durante veinte fatídicos años, siendo este otro país el más bombardeado de la historia per cápita, con decenas de bombas sin explotar, presentes aún en el suelo y representando una alarma de bomba latente que no ha parado de sonar en su pueblo. ¿Acaso debo mencionar este ejemplo tan notorio de arte primordial para terminar diciendo que necesitamos estas obras, estos artistas. educando hasta nuestros niños?
Todos estamos colonizados, aceptémoslo. Gracias a la filantropía de Google con sus dueños, los visionarios Larry Page y Serguéi Brin, con su legado a la humanidad que permite que a diario las personas del mundo usemos sus maravillosas herramientas en nuestras vidas y en nuestros trabajos con la internet que cambió tanto nuestras vidas. Te invito a descubrir los ejemplares de arte transformador que las personas debemos conocer. La mayoría es fútil, innecesario, intrascendente, banal, pasajero, la copia de una copia, como cantaba Trent Reznor con Nine Inch Nails ironizando en el 2013, criticándose hasta él mismo, evidentemente por no encontrar una nueva renovación de la música, como sí lo hiciera con los primeros discos de la banda. Definitivamente no necesitamos eso, por más que esta sociedad mundial más corporativizada que nunca insista en vendernos las producciones que provienen fundamentalmente de los ricos de la cultura hegemónica de Occidente con las naciones líderes del Primer Mundo que dominan los mercados artísticos.
2025 y la sociedad global todavía no logra vivir en paz. El mundo celebró la paz lograda por Trump con el conflicto israelí-palestino como auto candidatura al Premio Nobel de la Paz que la Academia Sueca no le concedió, por algo en cuestión de días Netanyahu volvió a bombardear Gaza matando nuevamente a decenas de civiles, niños entre ellos, cuando empezaban a recibir la ayuda humanitaria negada antes por el Estado de Israel con hasta la joven activista Greta Thunberg detenida a punta de ametralladora por los militares israelíes llegando en barcos a asistir a la población palestina tan afectada de la franja en disputa. Y contando a este de tan larga data también, existen 110 conflictos bélicos actualmente, muchísimo más de lo que vemos en las noticias con las crudas imágenes de seres humanos muriéndose de hambre en Gaza, o los bombardeos de Vladimir Putin, otro de los terroristas que tiene el planeta de presidente en naciones líderes. Habla con cualquier ucraniano que viva en su país, te va hablar de guerra seguro, te lo dicen de entrada, sus comentarios transmiten su terror. Con tantas disputas armadas en la Tierra, no sé si realmente en los tres cuartos de siglo que nos quedan, lograremos dejar la guerra en el pasado.
Necesitamos hablar de esto seriamente, porque la mayoría de estas guerras no las vas a ver en los medios, y lo poco que vemos es así de terrible. Este es mi arte necesario, con mi llamado a la paz del mundo en un urgente llamado a la reflexión.
Fuentes:
- Guy Debord, La sociedad del espectáculo. Traducción de Jean-François Lyotard y Joaquín Jordá. Valencia: Pre-Textos, 1999 (Publicado originalmente en 1967).
- Mario Vargas Llosa, La civilización del espectáculo. Madrid: Alfaguara, 2012.
Créditos de las imágenes:
- Lie of the Land, instalación de casquetes metálicos convertidos en macetas con helechos, de Bounpaul Phothyzan. Imagen cortesía del Singapore Art Museum, 2017
Todos los derechos reservados. La reproducción de este ensayo y sus imágenes está prohibida. Se acepta su difusión o correspondiente cita.
SUSCRIBITE CON TU MAIL Y RECIBE MIS NUEVOS ENSAYOS Y NOTAS EN TU CORREO ELECTRÓNICO
