El feminismo que necesita el siglo XXI

En un mundo marcado por las desigualdades sociales, se distribuyen regionalmente los países con mayor opresión a la mujer, y también aquellos con los mayores logros en igualdad de género. Son claras las lecciones que debemos entender, como las acciones que tenemos que llevar adelante con sus prioridades para cambiar las realidades más acuciantes.

Los países más afectados

En este siglo todavía muy marcado por los conflictos armados, son estos la principal causa de la violencia de género más brutal hacia las poblaciones femeninas en naciones de África Subsahariana y Medio Oriente como República Democrática del Congo, Sudán, Yemen, y Siria, con casos de violaciones y demás abusos sexuales por medio de la fuerza utilizados en tácticas de terror. El colapso del estado de derecho en estas zonas ha llevado al desplazamiento masivo de mujeres, y al aumento también de prácticas como el matrimonio forzado.

La segunda causa son las leyes y normas discriminatorias, a menudo basadas en interpretaciones conservadoras de la religión o en tradiciones culturales. En Afganistán, el régimen talibán ha impuesto un «apartheid de género» que niega a las mujeres derechos fundamentales, lo que ha sido denunciado por la ONU. En Arabia Saudita, el sistema de tutela masculina, que obliga a las habitantes a obtener permiso para actividades vitales, y en Irán, los códigos de vestimenta obligatorios y la represión, son claros ejemplos cuando las leyes pueden institucionalizar la opresión.

Finalmente, la pobreza sistémica es un factor determinante que se entrelaza con las causas anteriores. En países como Níger y Chad, la pobreza extrema está directamente relacionada con los altos índices de matrimonio infantil, una práctica que niega a las niñas su derecho a la educación y a la infancia. Esta falta de oportunidades económicas y educativas perpetúa el ciclo de la desigualdad y la dependencia. Así, estos tres factores —conflicto, leyes opresivas y pobreza— se combinan para crear un entorno de opresión profunda que afecta drásticamente la vida de las comunidades femeninas en estas regiones.

Afganistán es señalado como el país más opresor contra ellas en la actualidad, pero evidentemente hay miedo de hablar del auto asumido por la fuerza armada gobierno talibán que el mundo no reconoce, a tal punto que ni siquiera figura en el reputado Índice Global de Brecha de Género del Foro Económico Mundial publicado en Junio del 20251, con el análisis de 148 países del planeta, señalando a Pakistán, Sudán y Chad en los tres últimos lugares. La activista afgana Samira Hamidi, defensora de los derechos humanos y responsable de las campañas de alerta sobre las crudas vivencias de su país lo reconoció ante Amnistía Internacional: “La no respuesta internacional, el abandono, es una inmensa decepción. En el mundo hay un silencio legitimador del régimen talibán”2. Y esto es precisamente de lo que tenemos que hablar, son en estos territorios donde debemos enfocar la presión global por la libertad de estas mujeres, con el mejoramiento de sus condiciones de vida.

Tabla I: Los 10 países del mundo con mayor opresión a las mujeres

PaísCausas de la opresión
1 – AfganistánExcluido del índice del Foro Económico Mundial por la imposibilidad de medir la paridad en un sistema de apartheid de género. En agosto de 2025, el régimen talibán prohibió por ley que se escuche la voz de la mujer en público, calificándola de «tentación». Es la expresión máxima de la anulación humana basada en el islamismo radical.
2 – PakistánOficialmente el último lugar (148) del índice global 2025. Persisten los crímenes de honor y una brecha económica abismal. La influencia de sectores religiosos extremistas bloquea cualquier intento de reforma legal en las zonas rurales.
3 – SudánCayó al puesto 147 debido al conflicto civil y el uso sistemático de la violencia sexual como arma de guerra por milicias islamistas y fuerzas armadas. El colapso total del estado ha dejado a la mujer sin protección jurídica alguna.
4 – ChadLa pobreza extrema se suma a mandatos sociales y leyes tribales que, en la práctica, tienen más peso que la constitución. Estas tradiciones obligan a las jóvenes a casarse antes de cumplir la mayoría de edad y las excluyen sistemáticamente de la escuela, condenándolas al analfabetismo y a una vida de dependencia absoluta.
5 – YemenAunque históricamente ha estado al final, la crisis humanitaria y el control territorial de facciones radicales han institucionalizado la dependencia absoluta de la mujer hacia el tutor masculino para cualquier servicio básico.
6 – IránLa represión estatal contra el activismo femenino se recrudeció a finales de 2025. El uso de tecnología de vigilancia para imponer el hiyab y las penas de prisión por «vulnerar la moral pública» son la norma bajo la teocracia.
7 – República Democrática del CongoLa brutalidad aquí es física y bélica; las mujeres son trofeos de guerra en conflictos por recursos naturales, con una impunidad total para los agresores.
8 – SiriaTras años de guerra, la estructura social está rota. En las zonas controladas por facciones extremistas, la mujer ha sido relegada a la esfera privada bajo códigos de vestimenta y conducta medievales.
9 – NígerLa inestabilidad política reciente ha frenado los programas de educación para niñas, reforzando el ciclo de pobreza y matrimonios forzados antes de los 15 años.
10 – Arabia SauditaA pesar de las reformas estéticas para el turismo, el sistema de tutela sigue vigente en su núcleo duro; la libertad de movimiento y decisión sigue sujeta a la voluntad del hombre bajo la ley islámica.

Y hay una asociación más que obvia que ninguno de estos organismos internacionales que estudian estas desigualdades de género pareciera animarse a decir de lleno; la del islamismo radicalizado en estos lugares, algo que ni los pocos medios que sí hacen eco de esas duras verdades haciéndolas noticias, expresan. La islamofobia que sumió al escenario internacional en terror desde el atentado a las Torres Gemelas de principios de siglo, sigue lamentablemente vigente. Y siendo el islamismo la segunda religión más popular del orbe, es un problema muy serio que ni sus más benignos practicantes se atreven a denunciar. Y justamente el conflicto bélico actual con más prensa del mundo; el palestino-israelí con las desgarradoras imágenes de la Gaza del hambre, tiene profundas connotaciones histórico-religiosas. Los fanatismos propios de las religiones exacerbadas, tal como expresé en mi ensayo sobre escepticismo, deben ser más que discutidos, condenados por la sociedad mundial.

Los países más avanzados del mundo en igualdad de género

Y en el otro extremo con las condiciones más avanzadas en igualdad de género, se encuentran los países nórdicos con sus políticas dignas de estudio; Islandia, Finlandia, Noruega y Suecia, modelos del indiscutible éxito del Estado de Bienestar contemporáneo, caracterizado por un alto nivel de gasto público en servicios sociales, una fuerte protección social y un compromiso con la igualdad y el bienestar de todos los ciudadanos. Como teórico político, hace años he dicho que la discusión entre derecha e izquierda que sigue dividiendo al mundo, pertenece al pasado, y surgida en la Revolución Francesa de 1789, está más que obsoleta como para responder a las necesidades de nuestras sociedades actuales, suele ser a menudo otra causa de fanatismos que generan enardecidas discusiones que sencillamente nadie quiere ver, y lamentablemente persisten como moneda corriente, infectando prácticamente cuanta red social existe. Por eso el modelo de fuerte apoyo estatal de las naciones nórdicas es lo importante a tener en cuenta, no la ideología política a la que adhieren más o menos sus respectivos gobiernos.

Está claro que así como la pobreza es un factor determinante en los pueblos con mayor opresión al sector femenino, no lo es tan determinante la prosperidad; son la cultura, la educación, las políticas las que hacen la diferencia, no necesariamente estándares económicos que miden la riqueza de los estados como el todavía vigente PIB. De hecho, de las diez naciones más ricas del planeta, solo Alemania está también dentro de los diez primeros puestos del último índice del Foro Económico Mundial mencionado, también por sus positivas iniciativas llevadas adelante, al igual que los países nórdicos, con su Estado de Bienestar y un fuerte marco legal.

Jóvenes islandesas en su país

Tabla II: Los 10 países del mundo con mayor igualdad de género

PaísPrincipales causas
1 – IslandiaMantiene el liderazgo mundial por 16º año consecutivo, destacando por su paridad en empoderamiento político y leyes de igualdad salarial.
2 – FinlandiaAlto nivel de paridad en los pilares de educación y salud, sumado a una cultura de liderazgo femenino en el gobierno.
3 – NoruegaSobresale por la participación económica femenina y un robusto sistema de licencias parentales y bienestar social. 
4 – Reino UnidoAscenso significativo gracias a la paridad en cargos ministeriales y avances en la reducción de la brecha salarial.
5 – Nueva ZelandaConsistencia histórica en el empoderamiento político femenino y paridad total en el acceso a la educación.
6 – Suecia Modelo internacional en políticas de conciliación, licencias compartidas y alta representación parlamentaria.
7 – MoldaviaIngreso al top 10 debido a mejoras drásticas en la paridad de ingresos y en la ocupación de puestos técnicos y de liderazgo.
8 – NamibiaEl país africano con mejor desempeño, con significativos avances en salud, supervivencia y empoderamiento político.
9 – AlemaniaDestaca por su fuerte marco legal de igualdad y un desempeño sólido en participación económica y educación.
10 – IrlandaMantiene altos estándares en salud y educación, junto con una representación política femenina sostenida.

La inclusión de Moldavia, y más aún la de Namibia, son esperanza para las habitantes del Tercer Mundo, lejos de los estándares de vida de sus pares de las naciones más prósperas. Por más forzada y bienintencionada que se vean sus posicionamientos dentro del top diez, tienen lógicas razones: El país europeo alcanzó este 2025 un 40% de ministras y un 40% de parlamentarias, mientras que la nación africana tiene paridad casi total en las áreas públicas de salud y educación, con hasta leyes de cupo que garantizan la presencia de ciudadanas en su parlamento.

¿Y cuales son las realidades de los hombres donde hay opresión contra las mujeres, y donde hay equidad e inclusión con ellas?

Si las condiciones que viven las poblaciones femeninas de esos países más afectados nos duelen, nos espantan, las condiciones de los hombres son muchísimo peores: En países como Siria, Yemen o la República Democrática del Congo, ser hombre joven puede ser una sentencia de muerte, donde muchos de ellos son reclutados forzosamente por el Estado o por milicias rebeldes. Si se niegan, los ejecutan por traidores. En Afganistán, los hombres que sirvieron al gobierno anterior o que muestran disidencia son torturados y colgados en plazas públicas por los talibanes. La violencia contra el hombre es física, letal e inmediata. Son tan brutalmente criminales las situaciones de los hombres en estos lugares, que la palabra opresión prácticamente no aplica con ellos, víctimas de asesinatos sistemáticos. Y si ya es raro encontrar una nota en un diario que hable del panorama tan difícil de las mujeres de estos países, de ahí la importancia radical de apoyar a la sociedad civil que lo hace en mayor medida, de estos hombres asesinados no habla prácticamente nadie, son la vieja e histórica carne de cañón en un siglo que, como analicé en mi ensayo anterior, está muy lejos de haber dejado los conflictos armados habiendo aprendido las lecciones de la historia, con tanta muerte y destrucción.

Y ahí está la total y completamente repudiable vista gorda que hacen las teóricas feministas contemporáneas, la ceguera selectiva de la intelectualidad progresista con sus referentes hablando desde sus centros de poder, de la cual el feminismo es responsable desde sus orígenes; mientras se manifestaba a principios del siglo pasado por las necesarias conquistas sociales que lograron con el acceso de la mujer al trabajo a la par del hombre (esa es la razón original del “Día Internacional de la Mujer Trabajadora” del 8 de Marzo, que habiendo logrado esto la mayoría de las mujeres del mundo hace décadas, continúa alertando sobre necesidades actuales, pero también desvirtuando sus nobles intenciones de antaño con un más que marcado aprovechamiento de la fecha por el capitalismo actual), o su inclusión en la política primariamente a través del voto, ni hablaban de los jóvenes que por el simple hecho de haber nacido hombres, estaban condenados a ir pelear las guerras mundiales en las que tantos perdieron la vida, llegando hasta a ridiculizar a quienes simplemente tenían la suerte de no morir en estas, como en la Gran Bretaña de 1914.

Y si ya aclaré con honestidad intelectual y ecuanimidad, que los hombres de los páises con condiciones más tiranas contra las poblaciones femeninas son brutalmente mucho más afectados, tampoco podemos idealizar las condiciones de aquellas naciones con sus avances en equidad de género; primero, los hombres de esos países nórdicos como Suecia o Noruega, mientras veían aumentar el cupo femenino de cargos dirigenciales en sus gobiernos o empresas, ellos recibían apenas como beneficio aparejado licencias paternales, y la reflexión tan obvia que se cae de madura para todos; hombres y mujeres, es la estafa de clase que significó esta última corriente feminista; favoreciendo a los privilegiados de siempre que usaron esto para mantener su estatus con las mujeres de su misma condición social. Y como dice el refrán, las excepciones no hacen a la regla; los casos de ascensión social promovidos o influenciados por esto son tan raros que sencillamente no cuentan como muestra de estudio para el análisis científico. Por algo la autora estadounidense Camille Paglia, una crítica social adelantada a su época, viene diciendo esto desde los 90 con sus libros: “el feminismo actual es una proyección neurótica de la clase media alta«3. Este movimiento de cuarta ola saturó los medios de voceras copiándose las unas a las otras, y dejando de lado autoras de referencia como Paglia en su obsesión de marketing políticamente correcto en la que las voces críticas fueron silenciadas, y dejando de lado por completo a la opinión de los intelectuales por el mero hecho de ser hombres, mostrando la doble moral de la hipocresía feminista: gritando por igualdad e inclusión a los cuatro vientos, pasaron a la par a hacer discriminación de género, hasta atacando virtualmente a cuanto hombre criticara alguno de sus argumentos, inclusive en linchamientos de patota que serían un total y completo escándalo si fuera al revés, con una horda de hombres haciéndole una serie de reclamos a una mujer. Toxicidad virtual que llega hasta nuestros días.

El feminismo que sí necesitamos

Arrojando luz para alertar a la sociedad mundial sobre las oscurísimas realidades de aquellos países más afectados, son lógicamente la primera necesidad a la que hay que reorientar la presión social global para la liberación de esas mujeres. Los pronósticos no dan prácticamente esperanza de cambios revolucionarios; el Foro Económico Mundial llegó el año pasado a la conclusión de que harían falta 123 años para lograr la utópica paridad en la sociedad global recién el próximo siglo; aproximadamente para el 2148, nadie de nosotros la va a ver. Y ahí está claramente la primera razón de la necesidad actual del feminismo.

Pero ante el evidente fracaso de esta última corriente tan marcada por la internet con sus herramientas de comunicación, el feminismo tiene en mi opinión dos opciones: La primera es reinventarse con una perspectiva fundamentalmente humanista e integradora que responda primariamente a los problemas más acuciantes del orbe, todos nuestros países tienen voz y voto en la ONU que hasta financian, mientras entendiblemente se intentan cambiar las condiciones difíciles de cada país en la materia, como las militantes feministas argentinas lo hicieron tantos años con su campaña por la legalización e instrumentación del aborto, otro tema de enorme conflictividad social en el que hay que tender puentes asumiendo que siguen existiendo opiniones tan divididas como antagónicas que responden a sesgos ideológicos y/o religiosos, en los que es mucho más sensato, empático e inteligente buscar los puntos en común con quienes piensan diferente, que atacarlos con posturas agresivas, como el problema serio de salud pública que es este para el mundo, y el abordaje integral que demanda. Un feminismo que en lugar de ignorar aquellas situaciones enormemente más duras, elija hablar de estas, integrando hasta los hombres en el debate, dejando atrás los errores del pasado, sería muchísimo más poderoso que estos movimientos previos, conduciendo a mayores avances y conquistas sociales.

La segunda propuesta es una deducción mucho más simple, y la vez tan utópica que la formularé con una pregunta: ¿Necesitamos acaso el feminismo en un mundo en el que en general el 90% de las víctimas de asesinatos son hombres4? En esta sociedad donde tanta gente habla pero pocos leemos, y menos aún, quienes lo hacemos con profundidad intelectual analizando fuentes reputadas, siendo una rareza los que lo hacemos para producir conocimiento de manera profesional en este caso al alcance de todos, los datos son tan aplastantemente elocuentes que confirman la estafa perversa del feminismo. Un crimen es un crimen, y obviamente a las personas que buscamos justicia, no nos importa el género, ni otras condiciones, y cuando esto se repite afectando a poblaciones enteras con patrones sostenidos en el tiempo y el aumento casi imposible de cuantificar estadísticamente, estamos hablando de problemas de gravedad enorme que demandan la ayuda social internacional.

Haré una digresión para reafirmar esta segunda propuesta: Imagínense que un grupo de hombres abogara por un movimiento afín al de las mujeres, y lo bautizaran como masculinismo o algo así, para luchar por los derechos del varón, discriminando total y completamente a las féminas del debate en plan dueños de la verdad. Si les parece entre raro e imposible de aceptar, les aviso que grupos así existen desde finales del siglo XIX, y siguen vigentes otros a la fecha sorteando hasta la censura de plataformas muy populares de la web que solo permiten la libertad de expresión que sea alinea a su lógica corporativa, y ojo, que hay tipos ahí que tienen argumentos también sólidos para hacer lo que hacen. Por eso hay que leer, y mucho, para opinar con fundamento. 

Pero como mi intención es proponer lógicas de entendimiento y no dividir más aguas, pues necesitamos buscar en nuestras sociedades democráticas, y también en aquellas que lamentablemente no lo son, consensos sociales que nos permitan responder prioritariamente a los problemas del planeta, aquellos distantes, y los que nos tocan de cerca, parafraseando aquel viejo lema de pensar globalmente, actuar localmente. El antropólogo médico Paul Farmer, decía justamente «la idea de que algunas vidas importan menos es la raíz de todo lo que está mal en el mundo5«, él que justamente siendo un médico con un doctorado de Harvard, hizo una gesta médica enorme en países tan pobres como distantes del mundo; Haití y la Ruanda donde murió dejando una obra de vida ejemplar con un abordaje de la salud desde una perspectiva de derechos humanos, criticando activamente el modelo de caridad de los países ricos y apostando por el empoderamiento local. Al enfrentar problemas devastadores como la mortalidad infantil o las epidemias en comunidades sumidas en la pobreza sistémica, nos enseñó una lección vital. ¿Acaso tengo yo que explicar que no importa quien sea esa persona, ni de donde, o alguien en su sano juicio va a pensar en su género, cuando su vida está en juego por fallas estructurales que podemos corregir? Esa solidaridad genuina, libre de estafas de clase y enfocada en la supervivencia universal, es la matriz sobre la cual debemos rediseñar nuestras prioridades sociales globales.

Fuentes citadas:

  • 3Paglia, Camille. Sex, Art, and American Culture. New York: Vintage Books, 1992.

  • 5Tracy Kidder. Mountains Beyond Mountains: The Quest of Dr. Paul Farmer, a Man Who Would Cure the World. New York: Random House, 2003.

Otras fuentes consultadas:

Fotografías usadas:

  1. Tokluoğlu, Faruk. Women in Traditional Burqas in Afghanistan (detalle). 2025.
  1. Vaca, Paco. Mujer en chaqueta púrpura al lado de mujer en chaqueta negra (detalle). 2024.

Todos los derechos reservados. La reproducción de este ensayo y sus imágenes está prohibida. Se acepta su difusión o correspondiente cita.

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